Viernes 20 de Noviembre de 2015

TESTIMONIO de Pablo


ADICCIONES: Terminamos la semana compartiendo con ustedes el testimonio de Pablo quien llegó a Fundación Manantiales para cambiar su vida.
 
 
Soy Pablo, tengo 36 años y una vida que sufrió una ruptura hace cinco años. Tenía todo, absolutamente todo, mi profesión estaba dando sus frutos ya que estaba trabajando bien, tenia salud y una novia a la cual amaba con toda mi alma.
 
Nunca me voy a olvidar como empezó mi decadencia, fue en el mundial de Sudáfrica 2010, yo tenía dos semanas de vacaciones porque trabajaba en cuatro colegios y un club. Cada partido cualquiera sea la selección que jugara ahí estaba yo sentado en el sillón frente a la tele aprontándome para ver el deporte que más sentimientos despierta en mí: el futbol; mi compañía era mi soledad, ya que mi novia en ese momento trabajaba ahí fue cuando apareció la cerveza bien fría y la picada, estaba muy bueno ya que tomaba todo con desenvoltura, gritaba, puteaba, y festejaba. Así pasaron un par de días y me aburrí entonces decidí cambiar de bebida por el whisky con energizante. Me sentía vacío por dentro, no tenía con quien compartir ni siquiera un aplauso, o algo tan simple como una sonrisa o un festejo de gol.
 
Ahí llego el vecino, alguien que de pasada en el edificio siempre había un saludo, además de que éramos fanáticos del mismo cuadro de futbol; un día toca el timbre y yo estaba solo con mi whisky y energizante, me levante del sillón ya muy borracho y abrí la puerta y lo invité con mi bebida, pero él apareció con la cocaína, comenzó a consumir en el baño, me invitó a probar, probé y me gusto, ese día consumimos muchísimo. Al otro día lo mismo y así sucesivamente pasaron los días consumiendo y tomando alcohol. Llegó un momento que le pedí el teléfono de quien le vendía, y ahí empezó todo.Mi deterioro comenzó a destruirme por dentro y por fuera. Comenzó mi trabajo y aparecieron los conflictos: no dormía, no comía, estaba empezando a faltar a los trabajos y perdí dos trabajos; comenzaron las frustraciones.
 
Llegó fin de año y me fui a “celebrar” con mi familia y con la droga que me llevé de acá. Estaba muy drogado y gritaba, mis padres y familiares me miraron atónitos como diciendo “¿y a este botija que le pasa? ¿Está en pedo? ¿Quién te hizo así? me dijo mi abuela.Mis padres se enteraron por mi primo del alma y mi hermano que consumía cocaína descaradamente, obviamente se sentaron a dialogar conmigo y lo único que les decía era, que solo tome un poco y ya no más.
 
Llego mi cumple y ese mismo día partido de futbol y me rompí el tendón de Aquiles; no podía ir a trabajar a los dos colegios que me quedaban ni al club. Estuve enyesado 100 días y yo hacía ir a mi abuela con mi plata al abitab para que (sin ella saber) girara plata y me mandaban en encomienda la droga, que también iba a buscar mi abuela. Me transforme en un Monstruo al que nada ni nadie le importaban. Como las mentiras tienen pelos cortos, la última encomienda llego por mi abuela a casa envuelta en un cd de sabina, que adentro no había un disco con cocaína, solo marca... Cocaína... Cocaína... Cocaína.
 
Comencé a tratarme con un sicólogo y siquiatra. Puse un gimnasio con otro profesor, agarre una escuela y un cuadro de futbol como preparador físico todo en Florida me terminé de instalar. Deje de consumir casi un año. Salimos en posición de descenso e hicimos lograr en una importante definición por penales, a uno de los cuadros más duros e importantes de mi ciudad ¿El festejo? droga mucha droga, mucha cocaína, alcohol, en fin otra vez.
Mi familia comenzó a sufrir nuevamente, perdí toda la confianza, ya no me daba la plata. Me puse de novio con otra chica y a los tres meses estaba embarazada, ya no consumía hacia 5 meses… ella estaba embarazada de dos meses y medio, hable con su familia y la mía y decidimos tenerlo, pero un día que yo salía del gym me llama y dice que había abortado. Obvio que terminamos y yo quede destrozado. Me justifique con eso y volví a consumir con toda la fuerza. Destruí a mis padres, hermanos, a mi tesoro más preciado: mi abuela, despedí a mi socio y le pegué, en fin peleado con todos y todo el mundo.Ganaba muy bien pero no me alcanzaba, y empecé a robar a mi familia descaradamente; hasta hice una copia de las llaves de la caja fuerte en un jabón de glicerina. Estaba destrozado físicamente, pesaba 55 kilos y era una basura humana.
 
Me echaron de mi casa con la policía porque rompí todo y un día en situación de calle me di cuenta de que había tocado fondo; cuando fui a pedirles ayuda a mis padres me abrieron las puertas con sus brazos abiertos. Me interne en una clínica un mes, y claro que no tuvo efecto. Luego vine a Fundación Manantiales y ahí empezó mi desintoxicación, mis cambios día a día, mis actitudes, me ayudan a trabajar con mis sentimientos y me hace reflexionar. He cambiado mucho, hasta demasiado, lo veo cuando me ve mi familia y yo mismo. Estoy orgulloso de esta Fundación y de cómo llevo mi tratamiento, porque las cicatrices del pasado las tengo en todas partes para cuando me mire no me olvide jamás… pero empecé desde cero y a cambiar mi dependencia por mi libertad. Simplemente gracias por todo y voy a continuar luchando por lo que amo.