Viernes 16 de Septiembre de 2011

El riesgo de muerte súbita del lactante se multiplica cuando los padres son fumadores


La Fundación Española del Corazón (FEC) ha advertido sobre el especial cuidado que deben tener los padres fumadores con sus hijos, con el fin de que estos no vean afectada su salud debido a la inhalación del humo del tabaco.El humo del tabaco ya incide de forma muy negativa en la salud respiratoria y cardiovascular desde una edad muy temprana. Incluso en una mujer embarazada y fumadora puede producir parto prematuro y aumenta el riesgo de tener un recién nacido de bajo peso.Asimismo, el tabaco inhalado de forma pasiva por los lactantes se relaciona con el síndrome de muerte súbita en el lactante: se calcula que un diez por ciento de los casos de muerte súbita en el lactante están relacionados con el tabaquismo pasivo.Según Jaime Fernández de Bobadilla, coordinador del Grupo de Trabajo de Tabaco de la Sección de Cardiología Preventiva y Rehabilitación de la SEC y cardiólogo del Hospital La Paz, de Madrid, "cuando el padre o la madre son fumadores, el riesgo de muerte súbita del lactante se multiplica, llegando incluso a ser hasta ocho veces más frecuente cuando el padre o la madre fuman en la habitación del bebé".En general, en los niños, la afectación del tabaco es fundamentalmente respiratoria (aumento del riesgo de asma, bronquitis, bronquiolitis o aumento de la incidencia de neumonías, entre otras enfermedades), mientras que en los adultos se ve también seriamente perjudicada la salud cardiovascular y el tabaco se relaciona con la aparición de muchos tipos de cáncer.El principal problema entre los menores es que se convierten desde muy pequeños en fumadores pasivos, es decir, inhalan de forma involuntaria el humo del tabaco consumido por personas fumadoras. Según los expertos, el quince por ciento del humo de un cigarrillo es inhalado por el fumador y el humo restante o secundario, mezcla del humo residual que proviene del tabaco en combustión y del humo exhalado por el fumador, se dispersa en la atmósfera y puede ser inhalado por otras personas, quienes se convierten en fumadores pasivos.Según el doctor Jaime Fernández de Bobadilla, "la nueva ley antitabaco ha sido un importante paso para la protección de los menores, ya que la prohibición de fumar en lugares públicos ha modificado drásticamente la probabilidad de que los niños inhalen el humo tóxico del tabaco. En cambio, la salud del niño sigue quedando desprotegida en el hogar, por lo que resulta fundamental que los padres tomen conciencia del daño que supone el humo del tabaco para sus hijos".En este sentido, Fernández de Bobadilla recomienda que, si los padres no se deciden a dejar de fumar, con el fin de evitar que sus hijos inhalen el humo tóxico del tabaco, "eviten fumar en el hogar o que como mucho lo hagan en la terraza o el tendedero, y que, en general, eviten que los hijos les vean fumar, ya que los padres son el principal modelo de conducta para los hijos".